¿Quien soy?

Ahora que comienzo esta nueva bitacora quiero hacerlo con un escrito que publique bajo el titulo de ¿Quien soy? en mi primera Web. Y digo Web por que hablo de antes de que aparecieran los blogs.

Tal vez.

A mí me encantan las fábulas o también llamadas cuentos para pensar, dicen que a veces se cruzan en tu camino, cuando necesitas reflexionar, y hay una que se ha cruzado en mi camino varias veces y en diferentes versiones, cosa que no es muy común y hasta un poco extraño. Cuando me plantee escribir algo sobre mi, me pareció que podría ser interesante recuperar este artículo que escribí hace un tiempo para la revista Espiral, esta historia va acompañada de alguna reflexión sobre la misma.

  La historia cuenta las aventuras de un joven e impetuoso estudiante, que un día viajando por un rió del cual no importa mucho el nombre, descubrió que compartía la barca con un anciano muy sabio, del que había oído hablar mucho, ya que era muy conocido en aquella región.

El joven que no quería perder aquella ocasión que le brindaba el destino, intento entablar conversación con el anciano, preguntándole si en sus viajes había estado en Damasco, el anciano le respondió afirmativamente, y le hablo de sus calles y de las gentes que allí habitan, también de lo hermoso de sus edificios y del cielo en las noches de verano. El joven nervioso le interrumpió, preguntando sino había visitado la famosa escuela de astronomía de Damasco y estudiado en ella, a lo que el anciano contesto que no, y el joven exclamo: “A estado en Damasco y a perdido esa oportunidad, a perdido media vida.”

Intentando cambiar de tema el joven dirigió su mano hacia la orilla y señalando unos arbustos, le pregunto al anciano si se había fijado en que singulares eran aquellos Ficus familia de las moráceas, el anciano le miro con cara de extrañeza, pero enseguida reacciono explicándole al joven, que si lo que le interesaban eran las plantas, río abajo había de todos los colores y su fragancia cubría todo el río, una belleza que hacía volar la imaginación a lugares… En este punto el joven lo interrumpió, diciendo: “Hablo de botánica, no de colores y olores, como es posible que no sepa nada de floricultura, a perdido media vida.”

En es momento, empezó a entrar agua en la barca, la corriente los arrastraba hacía una muerte cierta y el joven de pie gritaba: “ayuda, nos hundimos, socorro.” El anciano que aun seguía sentado, le pidió calma y que se tranquilizara, y después le pregunto, que si en algún sitio de los que había estudiado, le habían enseñado a nadar, a lo que el joven contesto que no, y el anciano dijo: “Pues tranquilo, solo has perdido toda la vida.”

                                                                     Cuento anónimo

  Aquí, cuando ha terminado la historia, es cuando ha de empezar la reflexión.

  A primera vista siempre te identificas con uno de los personajes, tal vez deba ser así, pero en mi caso, pensando y pensando me di cuenta de que tenia un poco de los dos personajes, tal vez todos tengamos un poco de estudiante impetuoso y de sabio sensato dentro de nosotros.

La cuestión es que ahora al transcribir este cuento, me he dado cuenta de que con lo me identifico de verdad, seria con la historia completa, tal vez por ser como esa barca con varios personajes abordo que va recorriendo su camino, tal vez por que como la barca todos algún día acabamos haciendo agua.

Tal vez y digo sólo tal vez, una flor no se pueda estudiar en un libro, ya que ahí no conoces ni su olor, ni su tacto.

 Tal vez y digo sólo tal vez, con los sentidos podamos disfrutar de la belleza y el aroma de la flor, pero no podemos disfrutar de igual manera que si conocemos el por que de esa flor en ese lugar.

Tal vez sea así o tal vez no.

Pero seria bonito que en este viaje sin rumbo, cuando llegue la hora en que la barca comience hacer agua, cuando ya por mucho que nades no llegues a ninguna parte, saber estar tranquilamente sentado, jugando a identificar flores por su olor, o hablando de estrellas, asteroides y planetas.

Tal vez y digo sólo tal vez, la vida siga, aunque la barca se quede en el camino.

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